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¿Qué es el karma?

¿Qué es lo que da exactamente tanto como toma? ¿Viene y se va una y otra vez? ¿Qué muestra un efecto pero oculta su causa?

El karma

Lo primero que hacemos es respirar.
Luego tenemos que devolver el aire que hemos inspirado.
Es el ritmo de la vida.
Es la ley natural de la reciprocidad.
En la que todo y todo el mundo está involucrado.
Empiezas tomando lo que acabas dando.
Es la ley de causa y efecto.
Esta ley no escrita acompaña cada acción que realizamos.
Es la ley de la justicia perfecta.
Siempre obtenemos el retorno de todo lo que damos.

¿Qué es el karma?

El karma es una ley o principio espiritual que rige todas nuestras interacciones. Empieza con la semilla del pensamiento que con el tiempo se desarrolla y crece a través de nuestros sentimientos, actitudes, palabras, acciones y relaciones. Finalmente se instala en nuestras almas como rasgos de personalidad y termina por emerger de nuevo en forma de otro pensamiento.

La ley del karma se puede entender como el equivalente espiritual de la Tercera Ley del Movimiento de Newton, que afirma que por cada acción (en el plano físico) hay una reacción igual y opuesta. En física, la comprensión del carácter absoluto de la ley de Newton arrojó tanta luz en un mundo que previamente había estado tan envuelto de misterio que, actualmente, es la base de muchos avances de la ciencia y la tecnología.

La ley del karma

La ley del karma es igualmente inequívoca en la dimensión espiritual. Afirma que «por cada acción en el plano espiritual hay una reacción igual y opuesta». Esto significa que si se da felicidad, se experimentará felicidad a cambio y que si se da pesar se experimentará pesar en igual medida. Dicho de otro modo, sea cual sea la emoción que yo haga que otro experimente, en última instancia, se convertirá en mi propia experiencia.

Las consecuencias de la ley del karma

Comprender la ley del karma hace que adquiera conciencia de que cada acción (o karma) vuelve y tiene unas consecuencias. De igual modo, los actos (y sus efectos) solamente pueden producirse cuando ha habido una causa que los ha provocado. Lo cual significa que cualesquiera que sean las circunstancias en las que me encuentre en este momento –quienquiera o lo que quiera que me esté obligando o rechazando, y sea lo que sea lo que esté experimentando– es consecuencia de mis propios pensamientos, decisiones y acciones anteriores. La comprensión de la ley del karma confiere un significado profundo a conceptos como la responsabilidad o la justicia.

A veces la ley del karma sólo se entiende a medias. Es posible que alguien piense desesperadamente: «Si lo que me está ocurriendo ahora se debe a mis acciones pasadas, entonces, no puedo hacer nada al respecto». Pero si el pasado creó el presente, el presente también crea el futuro. En lugar de ser esclavos del propio pasado, el hecho de entender la ley del karma nos impulsa a participar de forma activa en la creación de nuestro propio destino.

La ley del karma: la justicia absoluta

El pensamiento es una semilla y la acción es su fruto. La calidad del fruto viene determinada por la calidad de su semilla. Los buenos pensamientos tienen como resultado buenas acciones que benefician tanto a los demás como a mí mismo. La ley del karma empieza a funcionar a mi favor cuando dejo de realizar las habituales acciones dañinas, asumo la responsabilidad de resolver de forma positiva las consecuencias de estas acciones del pasado y, a partir de este momento, presto atención a realizar acciones positivas. La ley del karma es una ley de justicia absoluta, cuyos largos tentáculos extienden con facilidad su influencia de una vida a la siguiente, si bien también permiten que el alma recoja el fruto de las semillas que ha sembrado y cree el destino que desee.

La meditación permite que comprenda mis circunstancias kármicas, me capacita para resolver mis «cuentas kármicas» de la mejor manera posible y me enseña a acumular «crédito kármico» para el futuro.


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